La vida en verso

Cuando viene no es para quedarse. Ya estoy acostumbrado a su misterio y le abro la puerta sin preguntas.
Suele andar con lo puesto, loca por seducirme.
Se cuela en mi silencio y se enhebra en el ojo de esa aguja que cose las palabras a los ecos.
Casi siempre de noche, y más nocturnamente, a esa hora a la que el contador se pone a cero.
Vuelve en celo y se ciñe a mi ternura ebria de mar y humor.
Se sienta en mis rodillas sin mirarme y se deja mimar por lo que escribo.
Luego se va sin más, sin despedirse, dejando los colores a su suerte yo me quedo desnudo y desquiciado al borde del abismo de la siguiente frase.

